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miércoles, 20 de febrero de 2008

No he compuesto una Canción.

La muerte tiene algo de poético. Bastante, en realidad. Ha sido la inspiración para grandes creaciones. Musicales, por ejemplo. El asesinato de sus tías, inspiró a Fito Páez a escribir Ciudad de Pobres Corazones; la muerte de su hijo, a Eric Clapton a escribir Tears In Heaven; y su propio e inminente deceso, inspiró a Freddie Mercury a escribir The Show Must Go On. Del lado opuesto a estos músicos que tuvieron a la muerte como musa, está Elvis Presley. El tipo vivió una vida de película (es más, tiene una película sobre su vida, con Jonathan Rhys Meyers), cambió la historia de la música (era, entre otras cosas, el ídolo de John Lennon), pero su muerte fue casi absurda. Murió sentado en el inodoro (se encerraba en el baño para que su séquito no lo molestara), leyendo y comiendo melón. Al morir, se cayó para adelante y se rompió los dientes, por lo que, apenas lo encontraron, creyeron que había sido asesinado. Yo una vez me atraganté con un caramelo Stani. Para ser precisos, cuando tenía catorce años me atraganté con un caramelo Stani en el colegio. En realidad no fue con el caramelo, sino con la saliva mezclada con el jugo del caramelo. Preocupado por el qué dirán, me metí en el baño, para que nadie me viera, y tratar de solucionar la situación. Y el agua pasaba, pero el aire no. Y me empecé a desesperar. Justo entró al baño Rafa Gorgory, un compañero de mi hermano, un año mayor que yo, y le empecé a hacer señas (no podía emitir sonidos) para que me golpeara la espalda, que me ahogaba. Desconcertado, sin entender, me miraba y sólo decía "¿Querés que llame a tu hermano?". En un último esfuerzo llegué a decir: "Golpeame". Así hizo y el aire pasó por mi garganta y llegó a mis pulmones. Aire. Qué rico aire. Había estado como un minuto sin respirar, que parece poco pero es demasiado. Y me salvó Rafa Gorgory. Si no, hubiese muerto en el baño. Como Elvis. Pero sin la gloria.

frcass.


ANEXO.
Anoche soñé que yo era Michael Scofield.

sábado, 16 de febrero de 2008

No han Vivido: Axel Marazzi.

“Fue culpa mía por haber pateado mal”, dice Fede. “Fue culpa mía por no atajar el penal”, dice Bocha. “Fue culpa mía por no pasártela a tiempo”, dice el Colo. “Es culpa nuestra este vestuario en silencio”, dicen todos. Y a todos se nos hace un nudo en la garganta. Nos duele el alma.

“No es importante, ni el fin del mundo, arriba chicos, somos segundos…”, dice el morocho de pelo largo que no me acuerdo cómo se llamaba y todos se ponen a festejar. Y a todos se nos pone la piel de gallina. Descubrimos lo que es la hidalguía deportiva.

Gastón, el de rulos, está en silencio. No siente que nada en la derrota ante los Killer fue culpa suya. Y cuánta razón que tiene. Gastón es la estrella, el alma del 25 de Mayo (al menos hasta la irrupción de Gamuza). No por nada usa la 10 bajo esos rizos dorados. Y cuán importante será para que Los Cebollitas salgan campeones del mundo, con lo que dejarán atrás el histórico mote de subcampeones como epílogo del programa (no sin antes enseñarle a todos los niños una valiosa lección quemando vivo a Don Lucero).

Después de despedirse del personaje de Gastón, Axel Marazzi deambuló por varios programas de Telefé sin demasiada suerte. Y nada más. Su carrera se estancó y las malas lenguas dicen que habríaxse visto envuelto en un oscuro incidente (habría recibido una golpiza por intentar robarle un vino a un grupo de jóvenes). Pero en la Internet, Marazzi encontró un lugar para poder expresar sus gustos y sus fotos (observando.tumblr.com y flickr.com/photos/amarazzi). Fue su relanzamiento, para hoy, a los veintiún años, haberse reinsertado en el mundo del cine (aún con la porra). Sí, hoy trabaja en un video club de Quilmes.

frcass.



ANEXO.
En la película Children of Men (Hijos del Hombre), la persona más jóven del mundo es un argentino llamado Baby Diego. El actor que hace de Baby Diego es Coqui de los Cebollitas.


miércoles, 13 de febrero de 2008

No he escrito un Best Seller.

Marzo de 2043.
A las nueve de la mañana suena el despertador. Lo apago rápido. No debería ni haber sonado, hoy es sábado. Me olvidé de sacarlo. Giro sobre mi brazo izquierdo poniéndome de frente a mi mujer. Ni se inmutó por la alarma. Duerme. Con expresión de desprecio. Las sombras que se le forman en la cara parecen hechas con carbón. Era linda. Muy linda. Podía hacer que yo hiciera cualquier cosa. Lo que fuera. Quiero seguir durmiendo. No puedo. Su brazo derecho pasa a mi lado de la cama. Es una idiotez. Lo sé. No debería molestarme. Pero me molesta. Mucho. Aunque cierre los ojos no puedo dejar de ver ese brazo invasor. No puedo seguir durmiendo. Me levanto. Voy al estudio, donde tengo mi computadora. Donde yo debería estar escribiendo mi próxima novela. El best seller.

Hace dos años que no escribo nada. De la editorial no me presionan. Creo que ya no quieren que la escriba. Hace unos cuatro años salió mi primera novela. Se vendió bastante bien. No fue un éxito pero se agotó la primera tirada. Mi agente entusiasmó al editor y decidieron hacer una segunda tirada incluyendo publicidad. Fue un fiasco y le hizo perder mucha plata a la editorial. Según el editor, fue culpa mía, porque fui a un programa de televisión e hice sentir incómoda a la conductora. “Nadie compra libros de amor de un tipo que da miedo. Si hubieses escrito un policial estaríamos nadando en plata”, me dijo. No me quejo. Con los artículos que escribo para Clarín (para los Suplementos de Cultura, Espectáculos y Deportivo) y para un par de revistas de acá y de afuera me alcanza para vivir de la escritura.
Prendo la computadora. Reviso los mails. Tengo uno de un evento al que no voy a ir, que elimino, y otro de mi hijo varón menor titulado “RE: Sueños”. Ayer le mandé un mail diciéndole que había soñado que estábamos en un barco pirata y que él vomitaba por la borda mientras yo le sostenía el pelo. No lo soñé. Lo inventé para tener una excusa para escribirle. Desde que se fue de casa lo extraño mucho. Mientras leo el mail escucho que mi mujer se levanta. Pasa por delante de mi estudio. No me saluda. Va a la cocina y pone TN. Leo el mail de mi hijo. Dice: “No te preocupes, Papá, ya me voy a cortar el pelo. Saludos”. Sonrío. Qué pibe este. Me levanto y voy a la cocina. No puedo dejar de sonreír. “¿Qué pasa?”, me dice. Seria. Con cara de enojada. Con cara de vieja malhumorada. “Me quiero separar”, respondo. “Ah”, dice. Abre la heladera. Se sirve jugo de naranja. Le da dos tragos. Agarra el control remoto. Cambia de canal.

frcass.



ANEXO.
Hoy sólo quiero decir que Ortega hace todos los pases mal.